Diario
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La luz del alba se coló por la rendija de la persiana. A pesar del antifaz de seda que llevaba, sus ojos detectaron el tenue cambio de claridad. El dormitorio se deshizo paulatinamente de la oscuridad que lo envolvía y se vistió con los colores cálidos del amanecer. Era sábado, pero aun así se levantó
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Querido diario: La calle donde vivo es tranquila, los coches que transitan por ella son del barrio, salvo por despiste, ningún coche ajeno al vecindario circula por su pavimento. Los edificios residenciales que flanquean sus anchas aceras, aunque no hermosos, son de una arquitectura particular, diseño de un famoso arquitecto bilbaíno. Mi casa, una más
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La casa la abrazó nada más entrar por la puerta. La alfombra persa suavizó su pisada. Los muebles que tantas historias habían vivido con otras gentes y en otras casas se habían acomodado en su pequeño apartamento. Los cajones que en otra hora atesorasen objetos personales de personajes que ella nunca llegó a conocer ahora
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