Mi bienvenida a casa

Querido diario:

La calle donde vivo es tranquila, los coches que transitan por ella son del barrio, salvo por despiste, ningún coche ajeno al vecindario circula por su pavimento. Los edificios residenciales que flanquean sus anchas aceras, aunque no hermosos, son de una arquitectura particular, diseño de un famoso arquitecto bilbaíno.

Mi casa, una más entre tantas, me da la bienvenida desde la distancia, las flores color naranja que cuelgan de sus ventanales me saludan nada más enfilar la calle. No siempre tuvimos una relación amistosa, la casa y yo, durante años quise abandonarla, dejarla atrás, solo veía sus fallos, su incapacidad para satisfacer mis necesidades. Con el paso del tiempo empecé a aceptar que aquella era, y sería, una relación duradera, comprendí que aquellas paredes no solo cobijaban mi cuerpo, sino también al hombre que quiero y al gato que un día nos adoptó.

Así que planté pensamientos para realzar su inusual belleza arquitectónica, compré infusiones y bombones para deleitarme en esos momentos especiales, pero cotidianos, que ofrecen algunos días, seleccioné los mejores CD de nuestra colección y les reservé un lugar especial para acceder a ellos sin dificultad e inundar la casa con ritmos de jazz, compré aceites esenciales sin químicos que perfumaran la casa sin dañar la salud y arreglé el caftán que mi padre me trajo de Oriente.

Si me preguntas si todavía sueño con escapar a otra casa, la respuesta es sí, pero hasta entonces, esta es la casa a la que llamo hogar y en la que se tejen mis sueños. 

Fotomontaje ©mamenillan


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